jueves, 10 de diciembre de 2009

AERO...PERRO en Paraná

Hace unos 15 días, luego de varios años sin tomar un avión, Fernando me animó a viajar a Capital Federal en una de las "naves" última generación de la línea aérea entrerriana. Lo de que "me animó" es que, estando embarazada de 3 meses, emprender un viaje sola a Baires era medio aventura. Pero, asumí (mos) el riesgo y allí fuimos.
Llegué al aeropuerto de Paraná, casi 15 minutos antes de que el aeropuerto abriera, por lo que esperé "a oscuras" en la sala de embarque, acompañada por un policía aeroportuario bien gauchito.
Mientras esperaba, entró él...y sólo él podría estar con ese andar campante y desenfadado por la sala de espera...el proverbial "perro vagabundo" de Aeropuerto!!!. Me senté, se acercó, el olfateó el pie, movió la cola y salió. Le mandé un mensaje a Fernando "che, en este aeropuerto...hasta perro propio tienen". Y Fernando me contestó "es que es un aeroperro".
A ver si en el aeropuerto de Heathrow, o el de Frankfurt o en el Fitzgerald Kennedy tienen semejante comité de espera para pasajeros...ven? esas delicias no se ven "en los países serios"!, jeje.

viernes, 13 de noviembre de 2009

De nuevo estoy de vuelta...después de larga ausencia

Recién escuchaba a Cafrune diciendo "de nuevo estoy de vuelta, después de larga ausencia igual que la calandria...", y acá estoy, para contar que en estas semanas de ausencia han pasado cosas: estoy embarazada por segunda vez, ¡me tomé forzosas vacaciones de una semana, para estar tirada en mi cama por stress! (lo que puede un embarazo). Y en medio de todo eso, aconteció que encontré un libro "incunable" de Oscar Lewis: "Antropología de la pobreza. Cinco familias".

No puedo parar el leer. Después de haber vivido dos años en ciudad de México y conocer un poco el paisaje humano, sumado a mi actual trabajo en Acción Social, y lo de Antropología, todo es una dolorosa joya que narra la pobreza...pobreza que es igual en todos lados.

El antropólogo hace un recorrido por la historia de 5 familias del campo y la ciudad de México, hacia 1950, y en las historias de vida de todos ellos describe las penurias cotidianas de "ser pobre".

Si se animan, si se aguantan, si dedican un tiempo a los "silenciados" de este mundo, les recomiendo esa lectura.

sábado, 24 de octubre de 2009

Viajar para no ir a ningún lado, a veces pasa

Mi amiga Emilce, también compañera de trabajo y gran persona, me hizo reflexionar sobre algo: muchas veces ostentar sellos de pasaportes no significa "haber ido a un lugar, realmente". Y me refiero a lo que una vez dijo un profesor en una clase, refiriéndose al programa de Marley en la tele "hay muchos que viajan, y nunca se van", haciendo alusión que no es cuestión de subirse a un avión, barco, tren, colectivo, llegar a un lugar, comparar todo, reirse de lo extraño y volver a fanfarronear, sino dejarse impregnar, dejarse interpelar por la realidad que uno conoce.
Es cierto que a veces cuesta y mucho. Recuerdo el error más grande que cometí en el primer viaje que hicieron mis padres a Ciudad de México, cuando fueron a visitarme por primera vez allá: yo, en mi emoción por "mostrarles todo y con ritmo de mochilera", como venía acostumbrada a hacer, los hice subir corriendo a una de las líneas de subtes más congestionadas de la ciudad, para llegar rápido y barato al centro de la ciudad. Ése era el modo en el que yo había aprendido a viajar en esos meses, pero no expliqué a mis papás, que viven en una hermosa, apacible y pintoresca ciudad del norte serrano cordobés en Argentina, que podía ser que olieran bastantes fragancias diferentes, que el ritmo era vertiginoso y que iban a viajar muy apretados...todos sobrevivimos y bien, ahora nos reímos mucho, pero en ese momento, tuve la impresión que mi mamá iba a sumergirse en un frasquito de perfume que llevaba en su cartera de viaje.
Viajar para ir, ir para nunca haber partido. Esa es una pequeña diferencia de un corazón transhumante de otro que simplemente compra un pasaje y city tour para "foreigners" en una empresa de turismo local.

sábado, 10 de octubre de 2009

Sukhothai, el Big Buda y Silvia


Encontré esta hermosa foto en uno de los lugares más imponentes que he visto: las ruinas de la antigua capital del reino de Tailandia: Sukhothai. Fue una de las pocas fotos que pude sacarme, o mejor dicho, que un turista me sacó con mi antigua cámara pentax, ya que como dice la canción "el que toca, nunca baila" lo que también se aplica a las fotos.
Fue un viaje muy diferente a los demás, quizás por lo lejos que queda de la austral Argentina, quizás porque fui sin un peso, en plena crisis de 2001 en nuestro país, por la buena disposición de gentes que uno se encuentra en el camino y que lo ayudan a uno a que cumpla un sueño. No sé...No recuerdo haber llorado tanto y con tanta nostalgia como en ese viaje, no por echar de menos a mi país, sino por la cantidad de recuerdos de esos años tan malos para todos los argentinos en esta última parte de las décadas de historia nacional.
Sukhothai me inspiró un apacible estado de suspensión en el tiempo, de eternidad, de inmemorialidad. Es muy poderosa la sensación de pararse frente a la estática mirada de un Big Buda, que sólo "está"...es la diferencia filosófica entre los occidentales que nos importa "ser" frente a la convicción de tantos orientales y de tantos precolombinos de que la esencia es "estar estando".
En otra ocasión, les cuento más de la increíble belleza de las flores de loto, y otras experiencias de este "país de la sonrisa", como llaman a Tailandia.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Un casamiento en Chiapas



Una amiga mexicana, Elisena (que antes fue alumna mía en la universidad en Puebla y que ahora es profesora en Chiapas), me trajo a la memoria una historia que recuerdo con simpatía sobre mi único viaje a Chiapas, México, en 1996. Esta foto tiene que ver con ese viaje, porque hace referencia al casamiento de las personas que se ven en la fotito tomada con mi pentax manual (cuando no había cámaras digitales)...debo decirle que fui a ese casamiento, tomé como 6 cervezas en toda la fiesta, hacía un calor infernal,y ¡jamás supe cómo se llamaban los novios, que resultaron ser primos de la amiga de una amiga mía que me invitó al viaje ! (se entiende la secuencia?).

Permítanme contarles cómo fue la historia:

Yo estaba a punto de regresar a Argentina, tras un año viviendo en México DF. Mi intención era conocer las renombadas tierras del comandante Marcos que, en ese entonces era mucho más misterioso que ahora. El tema era que no tenía dinero para ir como turista, pagándome hotel y pasaje. Le comenté esto a mi amiga Rosario, una mexicana muy ocurrente que me dijo "pues mira, mi amiga Paty tiene un casamiento en Chiapas, no exactamente en San Cristóbal, pero en Chiapas al fin". Y agregó "sucede que la familia que va desde México ha alquilado un omnibus, pero no completan el pasaje y quieren abaratar costos, ¿te interesa sumarte?".

Dije que sí. Viajé 16 horas con una nutrida concurrencia de mexicanos que cantaron, comieron,bebieron, cambiaron pañales de sus bebés, durmieron, se pelearon con gruesos epítetos...todo en el omnibus y sin saber yo de ellos ni ellos de mí. Sólo me llamaban "la argentina güera"( por el color de mi piel).

Casi al llegar al pueblito, nos adentramos en un camino auxiliar, en plena selva y de repente: ¡la policía mexicana fronteriza!. Ahí nos dijeron que estábamos casi en el límite con Guatemala y que la policía identificaba colectivos porque solían traer dobles fondos con inmigrantes ilegales. Subieron policías y perros, que nos olfatearon por todos los rincones. Mi amiga Rosario me dijo "tú, quédate callada". Así que obedecía, aterrorizada y divertida a la vez.

Todo anduvo bien. Llegamos, hacía muchíiiiiiiiiiiisimo calor, humedad, sopor, tal como describe García Marquez los pueblos colombianos. Estábamos a un paso de la frontera con Guatemala, en plena selva, y yo me preparé para ir al "casamiento": había llevado un vestido y un par de medias finas de licra!, que por supuesto ni usé. Nadie estuvo pendiente de la blancura de mis piernas...al fin y al cabo "era toda blanca yo, desde la cabeza a los pies".

Fue una fiesta hermosa, familiar, llena de esa cosa linda de los mexicanos de compartir la mesa y la música. No recuerdo haber bailado en ese entonces, pero sí me traje una tremenda insolación que me duró bastante y me dolió más aún, considerando que tres días después de esa fiesta yo tomaba un avión para volver a Argentina, en pleno invierno austral...Insolada en invierno!. Cosas de la vida y de los transhumantes.

martes, 6 de octubre de 2009

Morirse de risa y reflexionar...Nigel Barley y "El antropólogo ingenuo"

Voy con otra reseña, a riesgo de ser un poco cargosa , pero ciertamente he encontrado un placer de lectura difícil de describir en algunos libros como el del inefable de Nígel Barley, antropólogo inglés, autor de "El antropólogo ingenuo".

Barley hace su trabajo de campo en Camerún, entre los dowayos, y luego de someterse al típico extrañamiento del antropólogo que llega a una comunidad en la que no es nativo, relata todos sus infortunios, con una prosa desopilante y profunda al mismo tiempo

Así como les decía que "Ébano" es un relato periodístico fantástico, que no se puede dejar de leer. A Barley hay que leerlo... y reflexionarlo. Miren, si no:
"La mayoría de los remedios dowayos se basan en las tres plantas mágicas que se suponen efectivas contra todo tipo de infortunio, desde el adulterio hasta el dolor de cabeza. Cada una la dividen en varias especies, que el lego no puede distingur mediante una inspección meramente física. Los dowayos hablaban siempre como si fueran unos positivistas a ultranza que no creyeran nada si no se contaba con pruebas sensoriales directas.
"¿En que se distingue un tipo de 'zepto', por ejemplo, de otro? -preguntaba yo-. ¿Cómo sé si éste es de los que ponen fin al adulterio o de los que curan el dolor de cabeza?" Se me quedaban mirando perplejos ante tamaña estupidez. "Probándolos -respondían-. ¿De qué otra manera?".
Entonces empezaban largas disertaciones sobre las piedras que causan la lluvia, los hombres que se transforman en leopardos, los murciélagos que vomitan sus excrementos por la nariz porque no tienen ano, etc., todos ellos ejemplos contrarios a sus principios positivistas. (El Antropólogo ingenuo, Pag. 137).




No seguiré ahondando en la lectura de este libro. Lo recomiendo, después me cuentan qué tal.


lunes, 5 de octubre de 2009

Cuando decidí parar los viajes, ¡estudié Antropología!


Esta mañana, cuando me dio un poco de insomnio a causa de un mosquito que se empecinó en zumbarme en la oreja, me puse a pensar en algunas cosas que sólo son posibles con el madrugón: ¿en qué momento opté por guardar, por el momento, mi pasaporte?.

(...mientras tanto...el mosquito seguía zumbando, hasta que se cansó...o se aburrió...o se rindió).

Y me acordé de una experiencia: en 2004, yo tenía el berretín de estudiar en alguna universidad en Europa, y un profesor con quien trabajaba en Córdoba me ofreció la posibilidad de hacer contacto con una universidad en Alemania. Después de muchas vueltas, emailes y numerosas gestiones para canjear un pasaje de avión con unos amigos a los que les había dado una mano con unas traducciones en una revista que se editaba en Suiza, conseguí un pasaje para Colonia, Alemania.

Cargué 300 euros (que yo creía que iba a ser suficiente, hasta que me pescó el frío de otoño y los almuerzos iban de 5 euros en 5 euros...) llevaba un proyecto extraño ('bizarre' dirían los franceses) sobre género y ruralidad en Córdoba norte...hasta que, una buena profesora alemana que había trabajado en Argentina me recibió, conversamos un rato y terminó diciéndome "su horizonte a largo plazo está en su continente. No quiero desilusionarla, pero hay algunos que vienen a Europa con un plazo, en muchos casos lo logran bien, aunque sucede que en el camino, perdieron arraigo, familia y tiempo vital. Vuelva a Argentina, haga un magíster, trate de centrarse en Antropología y después, si quiere, venga a verme".

Me volví a Argentina. Sin beca en Alemania. Empecé a estudiar una maestría en Antropología. A los 11 meses me casé con Fernando, mi compañero transhumante y papá de nuestra pequeña Martina (la de las fotos) y nos mudamos a Capital Federal, luego a Santa Fe, luego a Paraná, donde vivimos.

¿Cómo quedó la historia?. Cuando terminé de cursar todas las materias de Antropología, ya Martina tenía unos meses, y ahora -después de muchas mudanzas- estoy armando mi proyecto de tesis, en Paraná.

Fue bueno el cambio, realmente bueno. Antropología es un viaje intelectual, una forma de ampliar los horizontes y fundamentalmente de abrir el alma a la diversidad.

Tarde de campo


Henos aquí, con mi coequiper chiquita, Martina, "oteando" el horizonte...

Cuando uno está en un departamento de dosxdos, ni bien aparece un poco de pasto y verde, ya nos sentimos en un vergel.

Disfruten...

jueves, 1 de octubre de 2009

Transhumancias generacionales


Acá estoy con mi pequeña hija, caminando por la costanera de Paraná.
Ciertamente, lo único que quiero compartirles es el paso vigoroso de la pequeña, que ha salido "caminadora como ella sola"...
Hace un par de meses, en la última visita de un querido amigo de la familia, el inefable Guillermo, de Médicos sin Fronteras, Martina aprendió a calzarse la mochilita de Backyardigans, así que tiene la combinación inicial para empezar a ser una picolina transhumante: mochila y caminata.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Ébano


Me acordé de un libro delicioso, lleno de la excelente literatura, ésa bien escrita, donde no sobra ni punto ni falta un adjetivo. Un español preciso y dinámico...todo escrito por un eterno periodista polaco de apellido Kapusinzky.

"Ebano" es un relato perfecto de viajes, del periplo de este periodista por Africa. Tanto así, que se lo recomendé a mis colaboradores en la oficina de prensa donde trabajo como coordinadora, porque como nos enseña la cultura de la lectura: "más lecturas, mejor escritura"...pero, más allá de la corrección escolar, lo interesante es el placer de sumergirse, con Kapuzinsky, en una aventura en la que no se puede dejar de beberse cada idea...

Y, para los transhumantes, de oficio o de gusto, es una de las mejores lecturas.

Les comparto este blog, http://www.letraslibres.com/index.php?art=6754
con un fragmento que habla de este libro sensacional y de su más sensacional autor:


África, viaje non-stop

Ryszard Kapuscinski, Ébano, Anagrama, Barcelona, 2000.

Al hombre que ha visto 27 revoluciones, casi un centenar de sequías, guerras civiles, hambrunas y los encumbramientos y caídas de los poderosos en África, Latinoamérica y Asia, que en 1966 fue rociado con benzina por los rebeldes nigerianos (un oficial ebrio dio una contraorden justo a tiempo para evitar que lo inmolaran) y que, más tarde, en su casa de Varsovia, junto a su esposa Alicia, ha reconstruido sus experiencias en casi una veintena de libros y un documental (Viaje imperfecto, 1994), no se le puede considerar sólo un corresponsal de guerra. En una entrevista reciente para Newsweek, describió lo que le ha llevado a viajar por África cotidianamente desde 1957: "Estoy fascinado por la forma en que se hace la historia. Cualquier historia, de Europa o del mundo, siempre es dramática y sangrienta en un inicio. Lo mismo se aplica a África: nace en el dolor, el sufrimiento y el conflicto". En Ébano, Kapuscinski no viaja con las comodidades de los media workers de las cadenas internacionales, sino con los recursos del testigo: en camiones atestados de enfermos de malaria, en autos rentados que tiene que manejar entre manadas de ñus, haciendo auto-stop en medio del Sahara con un acompañante anónimo a quien se le descompone el coche, en lanchas que no le permiten escapar de un secuestro de periodistas rehenes en la isla de Zanzíbar y —como todos los africanos pobres— a pie. "Soy un poco un misionero —y muchos misioneros se han sentido bien en África. Es la única actitud posible; de otra forma, las condiciones pueden ser agobiantes. O también puedes ir a un hotel con aire acondicionado y refrigerador. Pero esa no es Africa".

miércoles, 23 de septiembre de 2009

No sólo me gusta la palabra ¡me siento transhumante!


Hace un rato entré a Wikipedia y busqué la palabra transhumante...divagué un poco entre transhumante y transhumancia...y terminé fascinada porque ¡me sentí identificada en mi vida real, con lo que significaría en términos generales, la transhumancia como actividad!.

Entonces, empecé a divagar: ¿será que me gustan las postales porque es una forma de ser transhumante cuando uno no puede trasladarse de un lugar a otro?. Pregunta sin respuesta instantánea, así que seguí buscando la palabra transhumante-transhumancia, y me dí con que se refiere a una actividad de tipo pastoril, itinerante, que se diferencia del nomadismo en que los transhumantes tienen una residencia fija y desde allí ejercen su trabajo con rebaños...

Así que, ya estoy en este fascinante mundo de la transhumancia y transhumantes, y demás derivados...

Veremos cómo sigue desenrollándose la madeja...

martes, 22 de septiembre de 2009

Postales de "carne y hueso"


La última postal que llegó a casa "en carne y hueso" (o sea, en papel y por el correo...con estampilla y todo!) vino desde la casa de la tía Mariela, que vive en Berlín y estaba dirigida a nuestra pequeña Martina.

Era una encantadora imagen de dos angelitos, que en el reverso traía escrito de puño y letra de la tía, la traducción de la postal y un cariñoso mensajito para Martina: "Los ángeles de la guarda son como estrellas, no se pueden ver pero siempre están...".Como se ve claramente, Martina le puso su sello personal con una lapicera azul, en medio de corazones y estrellas.
Es una rareza y una delicadeza que todavía se envíen cartas con sobre, por correo postal. Hay espacios donde la tecnología no es superada jamás por la emoción del papel....



Mi good nigerian friend, Ben

Mi amigo Ben tenía una pared llena de postales, en su pequeño departamento en Leicester, Inglaterra.
Me sorprendió tanto ver lo simple que era alegrar una habitación con recuerdos, y el tiempo que nos llevaba conversar de cada postal, en nuestras tres semanas de coequipers, un agosto lluvioso del '98.
Mientras fui soltera y vivía "on my own" en Córdoba, adopté la misma idea de Ben, y pegué con cinta scotch, en la puerta de entrada de mi casa, todas las postales que tenía disponibles...
Eso quiero seguir haciendo ahora, pero en el blog...: que cada post sea como una postal colgada en la pared virtual...
¿Se suman?.