Voy con otra reseña, a riesgo de ser un poco cargosa , pero ciertamente he encontrado un placer de lectura difícil de describir en algunos libros como el del inefable de Nígel Barley, antropólogo inglés, autor de "El antropólogo ingenuo".Barley hace su trabajo de campo en Camerún, entre los dowayos, y luego de someterse al típico extrañamiento del antropólogo que llega a una comunidad en la que no es nativo, relata todos sus infortunios, con una prosa desopilante y profunda al mismo tiempo
Así como les decía que "Ébano" es un relato periodístico fantástico, que no se puede dejar de leer. A Barley hay que leerlo... y reflexionarlo. Miren, si no:
"La mayoría de los remedios dowayos se basan en las tres plantas mágicas que se suponen efectivas contra todo tipo de infortunio, desde el adulterio hasta el dolor de cabeza. Cada una la dividen en varias especies, que el lego no puede distingur mediante una inspección meramente física. Los dowayos hablaban siempre como si fueran unos positivistas a ultranza que no creyeran nada si no se contaba con pruebas sensoriales directas.
"¿En que se distingue un tipo de 'zepto', por ejemplo, de otro? -preguntaba yo-. ¿Cómo sé si éste es de los que ponen fin al adulterio o de los que curan el dolor de cabeza?" Se me quedaban mirando perplejos ante tamaña estupidez. "Probándolos -respondían-. ¿De qué otra manera?".
Entonces empezaban largas disertaciones sobre las piedras que causan la lluvia, los hombres que se transforman en leopardos, los murciélagos que vomitan sus excrementos por la nariz porque no tienen ano, etc., todos ellos ejemplos contrarios a sus principios positivistas. (El Antropólogo ingenuo, Pag. 137).
"¿En que se distingue un tipo de 'zepto', por ejemplo, de otro? -preguntaba yo-. ¿Cómo sé si éste es de los que ponen fin al adulterio o de los que curan el dolor de cabeza?" Se me quedaban mirando perplejos ante tamaña estupidez. "Probándolos -respondían-. ¿De qué otra manera?".
Entonces empezaban largas disertaciones sobre las piedras que causan la lluvia, los hombres que se transforman en leopardos, los murciélagos que vomitan sus excrementos por la nariz porque no tienen ano, etc., todos ellos ejemplos contrarios a sus principios positivistas. (El Antropólogo ingenuo, Pag. 137).
No seguiré ahondando en la lectura de este libro. Lo recomiendo, después me cuentan qué tal.

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