Encontré esta hermosa foto en uno de los lugares más imponentes que he visto: las ruinas de la antigua capital del reino de Tailandia: Sukhothai. Fue una de las pocas fotos que pude sacarme, o mejor dicho, que un turista me sacó con mi antigua cámara pentax, ya que como dice la canción "el que toca, nunca baila" lo que también se aplica a las fotos.
Fue un viaje muy diferente a los demás, quizás por lo lejos que queda de la austral Argentina, quizás porque fui sin un peso, en plena crisis de 2001 en nuestro país, por la buena disposición de gentes que uno se encuentra en el camino y que lo ayudan a uno a que cumpla un sueño. No sé...No recuerdo haber llorado tanto y con tanta nostalgia como en ese viaje, no por echar de menos a mi país, sino por la cantidad de recuerdos de esos años tan malos para todos los argentinos en esta última parte de las décadas de historia nacional.
Sukhothai me inspiró un apacible estado de suspensión en el tiempo, de eternidad, de inmemorialidad. Es muy poderosa la sensación de pararse frente a la estática mirada de un Big Buda, que sólo "está"...es la diferencia filosófica entre los occidentales que nos importa "ser" frente a la convicción de tantos orientales y de tantos precolombinos de que la esencia es "estar estando".
En otra ocasión, les cuento más de la increíble belleza de las flores de loto, y otras experiencias de este "país de la sonrisa", como llaman a Tailandia.

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